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Hugh Herr es el nombre del día en el campo de la Ciencia. Acaba de fallarse a su favor el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica, en el que competía con otros candidatos. Su mérito: el diseño y desarrollo de las primeras piernas biónicas tecnológicamente más avanzadas, inspiradas en el movimiento humano. "El sistema mecánico de sus dispositivos logra una marcha más natural y no suponen un aumento de esfuerzo físico", señala Eduardo Rocón, científico investigador del Centro de Automática y Robótica (CAR) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

El propio Herr lleva las prótesis que él mismo ha diseñado.  Tenía 17 años (en 1982) cuando en una escalada en el Barranco de Huntington (Nuevo Hampshire) tuvo la mala suerte de ser sorprendido por una ventisca y temporal de nieve que le mantuvo tres noches perdido a temperaturas de 30 grados bajo cero. Iba con su compañero y alpinista Jeff Batzer. Tras el rescate, por el grave congelamiento sufrido, tuvieron que amputarle las dos piernas, por debajo de las rodillas. Traumatizado por la muerte de uno de los voluntarios que ayudó a su rescate, este biofísico decidió volcarse en el diseño de piezas protésicas para volver a escalar y para ayudar a otras personas que, al igual que él, carecen de extremidades.

Las prótesis robóticas que en un principio le pusieron no le parecieron lo suficientemente buenas, por lo que decidió mejorarlas. Fue entonces cuando inició sus estudios de Ingeniería Mecánica en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), ya se había licenciado en Física en la Universidad de Millersville, y después se doctoró en Biomecánica en la Universidad de Harvard. Primero, construyó piezas de madera y metal, las actuales están hechas de silicona, titanio, aluminio y carbono, tienen sus propias baterías y están programadas con información descargada de un ordenador.

 
 Hoy, 34 años después de su intenso estudio en prótesis de extremidades, este ingeniero mecánico y biofísico estadounidense  dirige el grupo Biomecatrónica en el MIT Media Lab, en el que crea estas revolucionarias piernas biónicas y por las cuales logra el esperado Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica.
 
Su secreto se centra en el diseño de un sistema de actuación que genera las fuerzas suficientes como para que la marcha sea lo más parecida a la humana, amortiguando cuando se apoya el talón y liberando energía cuando se despega el pie para seguir caminando. Se trata de un mecanismo sofisticado y rompedor.

Prótesis 'bioinspiradas'

Dicho grupo de científicos se encarga de desarrollar piernas, rodillas y tobillos conectados a los nervios a través de sensores. Estos transmiten las órdenes del movimiento exacto que el cerebro quiere realizar con la pierna ausente. El objetivo es imitar el movimiento de los músculos basándose en el cálculo de la presión que requiere cada paso de una persona con las mismas características en cuanto a peso y a estatura, por ejemplo. Es decir, "sus prótesis están inspiradas en el funcionamiento de las extremidades de las personas. Se basan en el funcionamiento de las rodillas, los tendones, los músculos...",

En definitiva, las prótesis de Herr están equipadas con microprocesadores que reciben información continua de la posición de la articulación y de las fuerzas que se aplican sobre la misma, después la transmite a los receptores para que se muevan y adapten a circunstancias exteriores, como una rampa, terreno de cemento, tierra... El avance que han supuesto es que no funcionan como un estereotipo programado sino que se adapta al exterior.

Las piernas biónicas de Herr permiten un grado de independencia inimaginable para los amputados hasta hace relativamente pocos años, cuando las prótesis se usaban para apoyarse y tener una marcha limitada.

En la actualidad, y a partir de ideas inspiradoras como las he Herr, ya se puede optar a prótesis más complejas que permiten hasta correr, escalar,e incluso bailar

Precisamente gracias al desarrollo de sus extremidades biónicas, este estadounidense ha podido volver a practicar su deporte favorito, su pasión, la escalada. 

Durante su trayectoria en la investigación aplicada, Herr ha desarrollado múltiples diseños capaces de ayudar a personas con discapacidades, algunos bastante conocidos en su ámbito, como la rodilla artificial Rheo Knee, controlada por ordenador; y el 'PowerFoot', el primer pie robótico que da a su portador un paso natural y le permite subir y bajar colinas. El 'PoerFoot' fue nombrado uno de los mejores inventos de 2007 por la revista 'Time'. Además, ha sido galardonado, entre otros, con el Premio Heinz de Tecnología (2007) y el Action Maverick y Spirit of Da Vinci (2008).

No sólo consiguió ser reconocido como uno de los mejores escaladores de EEUU, también es muy respetado en la comunidad científica por sus logros en bioingeniería. Su tesón le ha llevado a publicar más de 60 estudios en el área de rehabilitación y es titular o cotitular de más de una decena de patentes.